25 de sep. de 2021

25 de sep. de 2021

Querida persona leyendo, primero que todo, quiero aclarar que esto no es un diario, es más bien una especie de registro en forma de carta que me acabo de sacar del culo para desahogarme un poco. No te esperes algo políticamente correcto, esta porquería va a estar llena de cosas que la gente como yo piensa, pero que no dice en voz alta por miedo a ser golpeada en el ojo. Así es, yo también pienso cosas que harían que alguien igual de sensible a mí me dé un golpe en el ojo.

¿No tienes de vez en cuando esa asquerosa sensación de que probablemente en el fondo le caes mal a todos, pero no te lo dicen porque no quieren hacerte sentir mal? Bueno, pues si es así, déjame decirte que esa es la forma en la que me he sentido toda la semana. Desde el día en que fui con la señora Carmen y me dijo que estaba haciendo un cuadro depresivo leve, he tenido la estúpida idea de contarle a mis amigos el 50% de las cosas que me hacen sentir terriblemente mal, y creo que a este punto ya están cansados de mí. ¿Sabes por qué? Porque ellos probablemente tienen una vida mucho peor que la mía, y nadie quiere escuchar a una estúpida exagerada contar la mitad de cada pequeñez que no la hace sentir bien. Sinceramente todos mis amigos son realmente divertidos. En especial los que no son heterosexuales, pero al mismo tiempo me dan un asqueroso dolor de cabeza. No todos ellos, solo algunos. Y no siempre, solo de vez en cuando. Las razones de ello son una estupidez más grande que mi misma existencia, pero simplemente me siento así.

Razones por las cuales a veces me odio a mis amigos:

1.      1. Me hacen sentir tonta cuando cometo un error.

De por sí tengo una baja tolerancia a la frustración y probablemente también una baja autoestima, entonces cuando me dicen cosas como “No, así no, pendeja”, “tienes el vaso del restaurante en la mano, estúpida”, “weona, tienes que darme el acceso al documento”, no puedo evitar sentirme como si fuera una imbécil. Y últimamente creo que sí lo soy, porque me la paso cometiendo errores. Sé que suena tonto, pero no puedo evitar pensar “carajo, debería morirme” cada vez que la cago.

 

2.      2. Me hacen sentir como si mis emociones y problemas no fueran válidos.

 

Resulta que Mara (mi mejor amigo), tiene como 3.897.653.238.878 supuestas enfermedades. Digo “supuestas” porque todas ellas son auto-diagnosticadas. Entre ellas está la dismorfia corporal, ansiedad y TDAH. Se le pasa repitiendo una y otra y otra vez que su vida es una mierda y que los amigos somos la única razón por la cual no se mata.

 

 Realmente la primera parte no la niego. Es cierto que un pedazo de su vida es una porquería (porque es trans, tiene disforia de género, siente culpa después de comer, dice que vomita su comida, no sabe cuál es la derecha y cuál es la izquierda y decía que tenía tics nerviosos (que casualmente le dieron y quitaron al mismo tiempo que a media generación) y ataques de pánico), pero (y aclaro que me odio por lo que voy a decir) me parece que la mitad de esas cosas son inventadas.

 

Cada vez que abría mi boca para hablar de mis problemas, él empezaba a hablar de los suyos. Y yo creía que lo hacía porque quería hacerme sentir que sus problemas eran mucho más grandes e importantes que los míos, entonces mientras, él sin siquiera decir una palabra sobre mí, me hacía sentir que mis problemas eran tontos, yo literalmente le decía con en voz alta que los problemas de él valían la misma porquería que los del resto. No se lo decía de esa forma tan agresiva, pero sí que era directa. Era más bien así:

--    Mara: Exactamente, la tenemos muy jodida. Es decir, mira, si tú te sientes mal, ahora imagíname a mí que me hace sentir culpable comer.

--    Yo: Tus problemas no son más importantes que los de nadie más.

Y eso me lleva a no solo odiar de vez en cuando a Mara, sino a odiarme a mí, porque el jueves en llamada me dijo que sentía que yo minimizaba sus problemas y que por eso no había vuelto a contármelos. Escuchar eso me hizo sentir terrible hasta que recordé que la razón por la cual le decía que sus problemas no eran más importantes que los del resto era porque desde un inicio había sido él quien me había hecho sentir de esa manera.

En todo caso, no creo que el que una persona te haya hecho sentir como una porquería sea una buena razón para hacerle lo mismo. En especial cuando se supone que está pasando por un mal momento ¿verdad?, por eso me siento realmente arrepentida. Así que me dije a mi misma que no iba a volver a contarle a él mis problemas. ¿Por qué? Porque el querer contárselos da paso a que (sin siquiera haber empezado) él comience a enumerarme los suyos. Sé que no querer escuchar los problemas de Mara cuando me siento mal suena incluso peor, pero cuando yo quiero desahogarme comienza a hacerlo él, y si necesito contarle a alguien las cosas que me molestan, es porque me siento débil… y no es muy genial contarle todos tus problemas a una persona que se siente débil y que tenía planeado decirte el por qué antes de que tú empezaras a hablar acerca de lo jodida que sientes que es tu vida.

Y por otro lado… no es para nada adulador que nos diga a nosotros (sus amigos) que somos la única razón por la cual no se suicida. No hay nada que deteste más que la presión y ya tengo demasiada como para que llegue y me diga que prácticamente su vida depende de mí y de Loaiza y David y Luna y Liliana y Sofía y Mimi y Nats y Jorge. Si tuviera una máquina del tiempo, me alejaría de Mara e iría al futuro para ver si sí se mató o no, y si sí se mató me devolvería un poco antes de haberme ido para seguir ahí. Pero que maldito estrés no saber cuándo dice las cosas en serio y cuando miente.

Me gustaría decirle que le cuente sus problemas a su psicólogo y se limite a escuchar lo que él le dice en vez de buscar más y más cosas malas de su vida para restregarme en la cara cuando me siento triste. Eso no es bueno para él ni para las personas que lo rodean.

3.      3. Hacen chistes sobre querer pajearse y suicidio y constantemente.

Lo admito, a veces también los hago, pero no de la misma forma que ellos. Cada vez que alguien habla sobre la muerte de alguna persona Mara dice “Que envidia”. Lo dice a modo de chiste, pero no es gracioso. Él tiene una novia que lo quiere mucho, y Luna (su novia) siempre tiene que comerse sus chistes de mierda y escucharlo decir “¿Ustedes tienen planes? Mi único plan en la vida es suicidarme” mientras se caga de la risa.

 

Me molesta porque siento que no se toma en serio lo que dice. Cuando me siento mal y pienso en eso, a duras penas puedo levantarme de la cama y me cuesta mucho concentrarme en cualquier cosa diferente a mis pensamientos de mierda, entonces, si él dice que vive eso a diario ¿cómo puede decir esas porquerías de esa forma tan malditamente feliz? ¿Cómo puede Luna vivir tranquila siendo su pareja? ¿realmente Luna se siente bien teniendo que preguntarle todos los días si comió bien? Sería lindo si Mara quisiera mejorar, pero no lo parece. En vez de buscar estar bien, siento que cada día solo busca más y más problemas para enumerar cuando la gente le cuente que se siente mal… y más y más enfermedades para auto-diagnosticarse.

 

Entiendo que a veces los malditos pensamientos no paran y es imposible ser positivo. Yo lo sé porque me pasa todo el tiempo y mi mamá me lo reprocha, pero al menos hago un esfuerzo en mejorar y aprecio mucho (aunque también me duele un poco) cuando mis amigos y familiares se preocupan por mí.

 

También me molesta que cada rato Mara dice que está horny. No sé si sepas lo que es estar horny, querida persona leyendo, así que aquí te lo explico. “Horny” es sinónimo de “cachondo”, pero le decimos “horny” porque la palabra “cachondo” suena feo… o quizás no suena feo pero los gringos hicieron que inconscientemente empecemos a anhelar ser como ellos…

 Como odio a los gringos y a la idea del “Sueño americano”.

 

En fin, no quiero que me malentiendas, persona que lee. Soy muy abierta en cuanto a los temas de sexualidad y soy fiel creyente de que el tabú al momento de hablar de ello es lo que más problemas sexuales genera (como los embarazos adolescentes, por ejemplo), pero ¿es realmente necesario decir que tienes ganas de masturbarte cada vez que lo sientes?

 

4.      4. Odio cuando me hacen sentir estúpida y luego empiezan a decir que tengo un gran intelecto y que soy muy inteligente. Decídanse ¿soy tonta o inteligente?

 

Bueno… esta semana no solo he odiado a mis amigos. También he odiado a mi mamá.

Yo quiero mucho a mi mamá, en serio, pero a veces siento que es demasiado… no sé. No encuentro las palabras, pero de seguro “sobreprotectora” entra dentro de lo que me gustaría añadir a su descripción.

El miércoles que se suponía que tenía que ir a psicología, la ruta llegó muy tarde y mi mamá tuvo que cancelar la cita. “No voy a gastar 100.000 pesos para que solo alcances a estar 20 minutos porque a la ruta le dio por llegar tarde” había dicho ella. No sabía que gracias a eso ese iba a ser uno de los días en los que realmente necesitaba charlar un rato con la señora Carmen, charlar acerca de que me sentía culpable por necesitar ir al psicólogo y que mi mamá tuviera que pagar 100.000 pesos por cada cita. Me acababa de enterar que eso valía.

Irónico ¿verdad? Ir a la psicóloga para decirle que te sientes triste por tener que ir a la psicóloga. Ja.

Ese día mi mamá estaba enojada conmigo por no decirle a la ruta que se apurara porque yo tenía una cita médica… pero realmente no sentí que fuera apropiado decirle eso a la monitora porque no es como si ella pudiera acelerar la velocidad en la que los papás llegan al paradero donde dejan a sus hijos e hijas… y el conductor sí podía ir más rápido, pero me daba pena decirle que acelerara porque él ya se veía bastante cansado y no quería molestarlo.

Mi mamá estuvo esa tarde de muy mal humor y me dijo que fuéramos a hacer mercado. Hacer mercado es de las cosas que más odio porque ella siempre me hace empacar lo que voy a llevar de onces al colegio, y yo nunca sé que llevar porque la mayoría de las cosas que venden en los supermercados para que la gente lleve de onces o me da náuseas (como los yogurts, los bananos, las galletas y los ponquesitos) o no es lo suficientemente saludable como para que mi mamá me deje llevarlas (como las papas en paquete y los jugos de caja). Entonces como nunca sé lo que voy a escoger de comer (porque además la comida por la mañana siempre me da ganas de vomitar) le digo que no sé pero que no quiero preferiría si no fueran lácteos… y luego me arrepiento porque recuerdo que mi mamá odia con toda su alma cuando no sé la respuesta con exactitud a lo que quiero.

En ese momento empiezo a llorar porque mi mamá ahora está más enojada que antes y me dice “Entonces no llevamos nada y ya”. Sé que pensarás que soy una llorona, y la verdad te doy la razón. Lloro casi todo el tiempo excepto cuando me estoy haciendo la fuerte (que es cuando estoy con mis amigos y los conocidos que no son mi familia).

Trato de calmarme porque ahora caigo en cuenta que otra de las cosas que mi mamá odia es que yo llore por estupideces, y, en un intento por apaciguarla un poco, tomo algunas cosas de los estantes. Cosas de esas que me dan náuseas. Los ponquesitos, los yogurts y los bananos.

Luego me lleva a Juan Valdés y pido un jugo de maracuyá en botella. Mi mamá me lo compra y mientras espero desde la mesa comienzo a llorar de nuevo. La verdad no recuerdo por qué estaba llorando ahora, seguramente por alguna estupidez que estaba pensando, entonces mi mamá llegó con mi jugo y su bebida caliente que probablemente estaba hecha de leche de almendras en vez de leche de vaca porque la leche de vaca no le sienta bien para el estómago. Me empezó a regañar por haberle dicho en el supermercado que no quería lácteos

¾    Tú tienes un déficit de vitamina D y ahora me sales con que no quieres lácteos que porque el vegetarianismo y disque el veganismo. ¿Si sabías que los lácteos son lo de comer que más vitamina D tiene?

Pronunciaba “vegetarianismo” y “veganismo” como si fueran las dos palabras más absurdas y ridículas que hubiera escuchado jamás… y sí, había estado hablando en llamada con mis amigos en mi cuarto unos días antes sobre que quería dejar de solo no comer carnes rojas (algo que hago desde hace 3 años) y ser ovo-lacto-vegetariana. Pero creo que mi mamá no sabe que ser ovo-lacto-vegetariano significa tener una dieta a base de plantas y también de lácteos y huevos. Quería ser ovo-lacto-vegetariana y no completamente vegetariana precisamente porque no sé si mi salud me permitiría tener una dieta solo a base de plantas.

La razón por la cual no quiero comer lácteos no tiene nada que ver con mi posición en pro del respeto a los animales que no son humanos, es porque la leche y lo que viene de ella me da ganas de vomitar y me llena mucho, entonces para cuando tengo que almorzar todavía sigo sintiéndome pesada por el yogurt de las onces.

Pero no le expliqué eso porque sé que ella creería que soy bulímica o algo así… y no la culparía. Si yo fuera ella pensaría lo mismo de mí. En especial porque en 15 días bajé un kilo de la nada. Sin hacer ejercicio ni comer menos. Pero juro por mis tres gatos y mi perro Argos que no fue a propósito, yo tampoco sé por qué bajé de peso repentinamente.

El caso es que mientras mi mamá me regañaba yo lloraba y también trataba de no hacerlo porque sé que eso haría que quisiera regañarme incluso más. Luego logré calmarme y fuimos a comprar ropa. Me gusta mucho comprar ropa, pero me molesta que siempre tenga que ir alguien conmigo porque me siento presionada. Siento que tengo que conseguir algo que me guste y probármelo rápido para que podamos irnos de una buena vez. Tomé un saco muy bonito que vi y a mi mamá también le gustó, luego vi una camiseta que también me encantó y mi mamá me pidió que llevara una chaqueta, entonces vi una de cuero sintético combinado con jean y taches en los hombros.

Me pareció lo más bonito que había visto en toda la tienda y miré a mi mamá con los ojos brillando de felicidad (no es cierto. En ese momento tenía los ojos brillantes porque acababa de llorar, pero agradecería que fingiéramos que brillaban de felicidad porque es divertido idealizar cosas de mi vida) y le pregunté si podíamos llevar esa chaqueta, entonces mi mamá me miró como si ese pedazo de tela fuera lo más horrible que existía y me dijo que no, porque era negra y no quería que llevara más cosas negras. Yo sabía que no lo decía por el color negro en sí, sino porque mi mamá es de esas mamás que relacionan el estilo “punk” con depresión y problemas de ira. Me puse algo triste porque gracias a sus prejuicios yo no había podido llevar esa chaqueta que tanto me gustaba, entonces tomé otro saco negro que se veía más “formal” y “apropiado”, y le dije que lleváramos ese en vez de una chaqueta. Ese saco también era negro, pero cuando vio que no era tan “salido de la norma” me dejó comprarlo. Luego me preguntó por qué no me gustaba tanto la ropa clara, y yo le dije que era porque la ropa clara no era mi estilo, entonces me volvió a preguntar por qué y le dije que porque la ropa clara que a ella le gustaría que yo llevara me parecía aburrida y se la ponía todo el mundo, incluyendo la gente que me cae mal (como el grupito de populares ineptos que se inventan chismes sobre mis amigos y yo) y luego me dijo que le parecía absurdo que escogiera mi estilo en base a que no lucir como la gente que me cae mal… y yo no supe qué decir porque en parte tenía razón… y sin embargo todavía quería llevar esa chaqueta.

Tomamos las cosas (el mercado y la ropa) y nos fuimos a la casa.

Por el camino me sentí triste, así que cuando llegué solo tenía ganas de acostarme en la cama y no hacer nada un rato, pero tenía tareas. Un trabajo en grupo que tenía que hacer con Mara y Loaiza. Era un reportaje sobre el acoso escolar, entonces entré a la llamada de meet y me silencié un rato mientras me reponía para estar algo más motivada mientras editábamos el video. Adelantamos una buena parte y quedamos en reunirnos por la tarde del día siguiente cuando llegáramos del colegio a nuestras casas. Ese miércoles me acosté muy agotada, y, generalmente me quedo pensando cosas feas antes de dormir, pero ese día el cansancio no me dejó. Esa noche dormí bien.

El jueves fue un día ocupado. Salí a comprar el regalo de amigo secreto (regalo que tenía que entregar el día siguiente). Fue divertido que me saliera Nats (que es de mis amigas) porque la conozco la suficiente como para saber que le gustan los regalos medio inesperados, entonces le compré una bandana (que era lo que había dicho que quería que su amigo secreto le regalara), dulces y también le regalé un trasero de peluche. Así es. Literalmente era un trasero. Cuando lo vi casi me parto de la risa, espero que a ella también le haya gustado.

Luego, cuando llegué a casa, me conecté a la llamada para terminar lo que habíamos estado haciendo el día anterior, pero para cuando me uní Mara estaba con Loaiza y Luna. Ya lo había terminado. Me sentí algo mal por dejarlo ponerle al video todas las imágenes solo, pero tuvimos una charla agradable. Bueno… una charla medio agradable, porque más adelante empezamos a hablar acerca de cómo afrontamos nuestros problemas. Luna dijo que los ignoraba porque siempre los comparaba con los del resto y sentía que eran insignificantes, yo dije que a veces se los contaba para sentirme más aliviada pero luego me arrepentía porque sentía que eran tontos y una molestia, y luego, como mencioné antes, Mara confesó que antes me los contaba a mí pero que ya no lo hacía porque había sentido que no me importaban y que lo hacía sentir como si sus preocupaciones no valieran nada.

Yo no le dije que lo hacía para bajarlo de su nube de ego porque él me había hecho sentir insignificante antes. No se lo dije porque estaba ocupada apagando el micrófono para llorar mientras Loaiza, Luna y él continuaban la conversación. No se lo dije porque (aunque no lo parezca por todo lo que te he contado hasta ahora) él y yo tenemos una muy buena relación y no quiero arruinar eso. No se lo dije porque podría asegurar que la única razón por la cual no me derrumbo ni pienso cosas malas cuando estoy en el colegio es porque mis amigos están ahí, y la verdad no sabría qué sería de mí sin ellos.

Supongo que entiendo muy bien la sensación que tiene Mara de que sin nosotros estaría en la mierda… siento lo mismo. Pero no pienso decírselo al grupo de los maricas nunca, porque sé que escuchar eso es triste y más que ser adulador, es preocupante.

Por cierto, antes de que pienses que soy una homofóbica, aclaro que me refiero a mis amigos como “El grupo de los maricas” porque ese es el apodo que los populares nos pusieron una vez con el fin de buscar una forma “denigrante” de decirnos… pero nos pareció tan genial que nos adueñamos de ese nombre.

 

Comentarios